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Se acabo la pax romana dentro del peronismo

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La pax romana de la que disfrutaba el peronismo aldeano con arrumacos políticos entre el gobernador y su partenaire, atada con piolines en los últimos tiempos, día a día, fue degradándose y concluyó abruptamente cuando se eligió el ombusman. Los amigos de antes, inseparables como siameses, se convirtieron, tras una sesión de 15 minutos, en enemigos acérrimos, irreconciliables.

Si todo sigue así, el justicialismo ha iniciado un camino inexorable hacia la ruptura, con serios riesgos para sí. Osvaldo Jaldo padece una patología obsesiva: quiere cerrar su carrera política, iniciada en su Trancas natal, en representación del partido de Celestino Gelsi, como gobernador de Tucumán y como peronista. Loable anhelo, sin duda, en todo político.

Después de haber asestado un golpe de furca y de imponer a su candidato -Eduardo «??Lalo»? Cobos-, creyó que había dejado knock out al mandatario. Se equivocó. Al final de la pelea, en el recuento del choque perdió a 11 de sus feligreses. Su capital político quedó diezmado con una bancada disminuida, partida en dos. Antes, sin acuerdos con nadie, se oponía a la reforma constitucional. La mutación de la Carta Magna es lo que quiere Manzur con toda su alma para intentar un tercer mandato consecutivo. Jaldo y el gobernador tendrán que negociar si buscan coronar sus sueños contrapuestos.

La derrota para Manzur se convirtió en una inesperada victoria. Le dio un cañonazo a su enemigo en la línea de flotación y le dejó el barco a la deriva. Se envalentonó y contrataca. Aquí no hay doble comando «??tronó-, dejando en claro que él es el timonel del peronismo. La misma línea le bajó a 90 de los 93 delegados comunales, que Jaldo supuestamente controlaba. Con esos votos contaba el millonario tambero y ahora pueden esfumarse.

Es más, sumó al conjunto de concejales del municipio a su molino, que hasta cambió el nombre y de ahora en más se llamará Lealtad peronista. De a poco, comenzó a desnudar al recién aparecido enemigo. En esta pelea intestina, que recién comienza, adhirió, sin eufemismos, voluntariamente, el mellizo José Orellana. El intendente de Famailla, maneja con mano de hierro a la tropa de la zona y cuenta con capital político propio capaz de desbalancear cualquier confrontación.

Desde luego, las elecciones de renovación de diputados y senadores nacionales están aún a larga distancia (finales de octubre), pero desde ya todos van alistando sus parejeros y buscando los cobijos de sus caciques. Todo es inescrutable todavía.   

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