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El estudio genético de los homínidos, una revolución que lleva diez años

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La vía para investigar un resto fósil hallado se revolucionó hace diez años, cuando se tuvo acceso no sólo a un análisis morfológico de las piezas encontradas sino a su estudio genético. El gran hito de esa nueva manera fue el descubrimiento de que había genética de neandertal entre los homo sapiens. Esto quiere decir que se demostró que no había barrera reproductiva entre ambas especies: la descendencia de un cruzamiento entre las dos era fértil.

Esto habilitó la idea generalizada en el ámbito científico de que no se trataba de una evolución tan escalonada, que iba desde el homo erectus al homo sapiens pasando por el neandertal, sino que el panorama es mucho más dinámico y diverso. En ese contexto, no sorprende tanto que surjan hallazgos que den cuenta de nuevas especies, y que se sepa que hay entrecruzamientos.

Los dientes del ‘»Homo luzonensis»‘ se parecen a los de nuestra propia especie, pero los huesos de sus pies y manos recuerdan a los de los primitivos australopitecos.

En el caso particular de los restos hallados en Filipinas, es probable que las condiciones de la zona, que tiende a un ambiente cálido y húmedo, haya borrado los rastros genéticos que podrían usarse para profundizar la investigación. En ese caso, primará el criterio morfológico para seguir los estudios.

Las especies que se desarrollan en islas presentan características particulares. Es que en las islas pasan cosas raras: una hipótesis posible de por qué esta especie tenía una talla significativamente menor que sus contemporáneos -que medían, en promedio, como el humano moderno- es que al estar acotados a una isla su reproducción requiriera un menor esfuerzo energético.

Una imagen de la excavación en la que se encontraron los restos del Homo Luzonensis en una cueva de Filipinas. (AFP)

Los equipos de investigación que presentan el hallazgo de una nueva especie suelen enfocarse en las diferencias que esos restos tienen con los restos de otras especies. El próximo paso es que la comunidad científica investigue el caso para echar luz también sobre las posibles similitudes.

*El autor es investigador del Conicet y de la Fundación de Historia Natural «Féliz de Azara». Profesor de Evolución en la Universidad Maimónides y de Antropología Biológica en la UBA.

 

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