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Economías regionales aguardan una baja de retenciones entre la crisis y el boom exportador

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En la presentación oficial de la nueva edición del dólar soja, el ministro de Economía, Sergio Massa, prometió dos ejes claves de cara a lo que se viene en el mundo de los agronegocios. Primero, la puesta en marcha de compensaciones para sectores estratégicos como aquellos que convierten la soja en proteína animal y, por otro lado, la baja de retenciones a partir de 2023 para las economías regionales.

El primero de los puntos avanza a paso firme y el secretario de Agricultura, Juan José Bahillo, ya concretó reuniones con líderes de los feedloteros y engordadores de pollos y cerdos. Por el momento, se prevé que el Gobierno destine unos $2.500 millones para compensar la suba en el mercado interno de la oleaginosa. Mientras tanto, todo lo que se refiere a las economías regionales continúa siendo un interrogante porque esperan una baja del tributo desde aquellos que hoy afrontan una profunda crisis, como por ejemplo los productores de frutos del Alto Valle de Río Negro, pero también actividades que lograron consolidarse en el negocio exportador como el maní o la industria láctea.

En este marco, desde la Cámara Argentina del Maní reiteraron “la necesidad de que se contemplen medidas que permitan también a las economías regionales mejorar su competitividad para comercializar sus productos en el exterior. La cadena productiva y comercial del maní emplea a más de 12.000 personas y exporta por más de u$s 1.000 millones al año, siendo la economía regional que más divisas genera para el país. Pero en el último tiempo viene sufriendo una fuerte pérdida de competitividad y rentabilidad, a raíz de la aplicación de derechos de exportación; un impuesto que no existe en otros países proveedores de este alimento».

Por ese motivo, mercados muy sensibles al precio, como Rusia o Argelia, están optando por otros orígenes, como Brasil, lo que configura una pérdida de negocios importantes para Argentina. De hecho, comparando la actual campaña de comercialización vs el mismo período de la anterior campaña comercial, la caída en volumen exportado es de un 47% y del monto facturado se redujo en un 51%. A esto se suma el incesante aumento de costos que lleva a una pérdida de competitividad del cultivo, reflejándose en una reducción considerable de las intenciones de siembra para la campaña 2022/23”.

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