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Un informe advierte sobre bacterias resistentes en el pollo vendido en Lidl, pero de el supermercado lo niega

Se han compartido los hallazgos del estudio del Observatorio de Bienestar Animal con el Ministerio de Consumo y el Ministerio de Agricultura

El 50% del pollo que se consume en Europa a través de la cadena Lidl contiene bacterias resistentes a los antibióticos debido a las condiciones deficientes de las granjas avícolas industriales, que favorecen el crecimiento de bacterias, y a la insuficiente supervisión sanitaria.

En España, el 71% de las muestras de pollo obtenidas en estos supermercados están contaminadas.

Una investigación europea ha descubierto una alarmante frecuencia de patógenos resistentes a los antibióticos en la carne de pollo que se distribuye en España, Alemania, Italia, Gran Bretaña y Polonia a través de la cadena Lidl, el supermercado más grande de Europa por número de establecimientos y facturación, perteneciente al Grupo Schwarz.

Esta investigación se originó porque la Fundación Albert Schweitzer Stiftung recibió varias grabaciones de gallineros de proveedores de Lidl en varios países europeos, entre ellos Alemania, España, Italia y el Reino Unido, según las cuales los pollos de esas granjas estaban criados masivamente, sufrían problemas de salud y eran tratados de forma contraria al bienestar animal, según informan los autores de este trabajo.

Por este motivo, la citada fundación, junto con el Observatorio de Bienestar Animal (España), Essere Animali (Italia), Open Cages (Reino Unido), Otwarte Klatki y la Fundacja Alberta Schweitzera (ambas de Polonia), encargó a un laboratorio alemán independiente, avalado por el organismo alemán de acreditación -DAkkS por sus siglas en alemán- y ubicado en Colonia, un estudio para establecer en qué medida estas enfermedades, que desde el punto de vista del bienestar animal pueden calificarse de graves, tienen efecto en las personas.

Amplias muestras

Las muestras se compraron directamente en las tiendas Lidl entre diciembre de 2023 y marzo de 2024 y se llevaron inmediatamente al laboratorio en un camión frigorífico. Se mantuvo estrictamente la cadena de frío y el laboratorio comprobó y documentó la temperatura de la carne a su llegada, según el equipo internacional que ha encargado la investigación.

El estudio analizó las bacterias más importantes asociadas con las infecciones transmitidas por los alimentos en 142 productos de la marca propia de 22 tiendas Lidl en los países citados.

En España se recogieron un total de 24 muestras en tiendas de Madrid (Alcorcón), Valencia y Barcelona y consistieron en 6 cajas de “alitas de pollo partidas sin punta”, 6 de “jamoncitos de pollo”, 4 de “traseros de pollo”, 3 de “canal de pollo” y 3 de “pechugas de pollo”.

Resultados globales

El examen microbiológico de la carne de pollo de Lidl analizada en el laboratorio alemán revela una contaminación significativa en toda Europa de la mayoría de los productos con patógenos potencialmente peligrosos.

La mitad de todas las muestras están contaminadas con patógenos resistentes y multirresistentes a los antibióticos. Estos son gérmenes productores de ESBL y SARM.

ESB son enzimas que pueden ser producidas por bacterias intestinales y descomponer un antibiótico común, como la penicilina. Se ingieren principalmente a través de los alimentos y generan resistencia a este tipo de antibiótico.

SARM (MRSA en inglés) son las siglas en español para las infecciones por Staphylococcus aureus, resistente a la Meticilina, un antibiótico perteneciente al grupo de las penicilinas. Esta bacteria provoca infecciones que son resistentes a varios antibióticos comunes y causa alrededor de 100.000 muertes cada año.

Gérmenes peligrosos

Estas resistencias a los antibióticos se detectaron en 71 de las 142 muestras analizadas. Esto significa que en una de cada dos muestras de pollo de Lidl se detectaron gérmenes potencialmente muy peligrosos que pueden causar infecciones del tracto urinario, neumonía o septicemia.

En cuanto a la contaminación con bacterias resistentes destacan los productos españoles de Lidl, con un 71 por ciento de contaminación por ESBL y un 25 por ciento de contaminación por SARM, así como los productos británicos, con un 58 por ciento de contaminación por ESBL y/o MRSA, según esta investigación.

Se observó asimismo que 8 de 24 muestras de carne italiana (33 por ciento) y 9 de 30 muestras polacas (30 por ciento) con el fenotipo «3MRGN», eran resistentes o no sensibles a tres de los cuatro grupos de antibióticos existentes. Se considera que estos patógenos son insensibles a la mayoría de los antibióticos: pueden reaccionar muy mal o no reaccionar en absoluto a muchos antibióticos (sensibilidad intermedia o son resistentes a los antibióticos), explica el informe de la Fundación Albert Schweitzer.

Espectro bacteriano

En muestras de carne de Alemania, Polonia y España se detectó asimismo Campylobacter, un patógeno que se transfiere a la carne a través del contenido intestinal de los animales durante el proceso de sacrificio, y que apareció 40 veces en toda la muestra, es decir, un 28 por ciento. En Alemania, una de cada dos muestras de carne de Lidl se vio afectada por este patógeno. En España apareció en el 38% de las muestras analizadas.

Se detectó también un género bacteriano llamado Listeria en un total de 47 muestras de carne (y en el 38% de las muestras de España). Esto significa que el 33 por ciento de la carne de pollo de Lidl que se distribuye en Europa contiene bacterias que pueden causar listeriosis en humanos.

La listeriosis es una infección grave generalmente causada por el consumo de alimentos contaminados con la bacteria Listeria monocytogenes. Se estima que 1.600 personas contraen la listeriosis cada año y que aproximadamente que 260 mueren por la enfermedad. Esta infección afecta especialmente a mujeres embarazadas y a recién nacidos, a los adultos mayores de 65 años y a personas con un sistema inmunitario decaído.

Un número especialmente elevado de muestras con Listeria se detectó en Italia, donde 13 de los 24 productos (54 por ciento) se vieron afectados, más de uno por cada dos productos.

Incluso Salmonella

En esta investigación también se detectó Salmonella 13 veces (un 9 por ciento). La carne afectada procedía de Italia y Polonia. Destaca especialmente Italia, donde 11 de las 24 muestras de carne de Lidl estaban contaminadas con la patógena Salmonella. En otras palabras, casi una de cada dos muestras de carne italiana (46 por ciento) está contaminada. En España esta bacteria no se apreció en ninguna muestra.

La Salmonella puede seguir multiplicándose si los alimentos están mal refrigerados. En personas inmunocomprometidas, puede provocar diarrea grave o incluso intoxicación bacteriana de la sangre e infectar otros órganos. El Instituto Federal Alemán para la Evaluación de Riesgos considera que la forma de cría, sacrificio y comercialización de los animales influye en la aparición de la Salmonella.

Gérmenes fecales

La bacteria intestinal Escherichia coli se detectó asimismo en el 57 por ciento de las muestras de carne (81 productos) y se encontraron asimismo enterococos en el 48 por ciento (68 productos). En este último caso, 7 de los productos polacos mostraron valores notablemente altos. En España, Escherichia coli apareció en el 83 % de las muestras. Ambos son indicadores del contacto entre la carne y el contenido intestinal de los animales.

Sólo 2 de las 142 muestras no presentaron características notables en todos los parámetros analizados, lo que significa que los resultados de la prueba en estos casos aislados estaban «por debajo del límite de detección».

Problema de fondo: las granjas avícolas

Una de las conclusiones que se desprenden de esta investigación es que hay un problema de fondo que está afectando al suministro de carne en Europa derivado del estado de las granjas avícolas.

En las granjas industriales, por lo general, prima el rendimiento de la carne o de los huevos por encima de la salud de los animales, lo que genera malas condiciones de vida animal que estimulan el florecimiento de patógenos.

Esta situación se ha agravado después de la creciente irrupción de fondos de inversión en el mercado avícola, un aspecto que todavía no ha sido debidamente investigado, según un estudio publicado en 2019, a pesar del profundo impacto que ha provocado en el sector (como el encarecimiento de los precios).

Antibióticos masivos

El uso masivo de antibióticos que se emplean para combatir este florecimiento de patógenos, especialmente en las granjas industriales, hace que las bacterias peligrosas se vuelvan resistentes a los antibióticos. El problema es que esas bacterias resistentes luego llegan hasta nosotros de muy diversas formas, entre otras por consumo directo de productos contaminados que no han sido cocinados debidamente.

Esta constatación significa que la contaminación detectada en Lidl podemos considerarla una muestra de lo que puede estar pasando a niveles más amplios, aunque también es cierto que no todas las cadenas de supermercados operan de la misma forma: unas más que otras cuidan mejor, desde el punto de vista sanitario, los productos que compran y que luego ofertan a sus clientes.

Todo es legal

Y esto revela otro problema: ninguna cadena está suministrando productos de consumo ilegales, ya que los pollos que vende Lidl o cualquier otra cadena de supermercados son legales y están certificados, pero es evidente que esos controles sanitarios de los proveedores no siempre resultan satisfactorios.

Esta deficiencia en los controles sanitarios en este caso no es baladí, teniendo en cuenta que la resistencia a los antibióticos es una de las diez causas de muerte más comunes en todo el mundo, con 3.000 muertes en España cada año. Alrededor de 35.000 personas mueren cada año solo en Europa por infecciones con patógenos resistentes a los antibióticos. Es decir, unas 100 personas mueren cada día porque los antibióticos ya no son eficaces.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que, si no se toman medidas urgentes, muchas infecciones comunes y lesiones menores se volverán potencialmente mortales. El consumo de carne de pollo procedente de granjas industriales está precipitando esa eventualidad.

Pruebas más robustas

Desde el punto de vista científico, no obstante, aunque se trata de un trabajo riguroso, este estudio tiene algunos aspectos que llaman la atención, ya que las cosas complejas requieren pruebas robustas, explica el catedrático de Genética en la UCM, Eduardo Costas, en declaraciones a T21/Prensa Ibérica.

En primer lugar, se trata de una investigación anónima, cuando lo corriente en cualquier trabajo científico es que los responsables del trabajo avalen con su firma los resultados. Y la investigación no ha sido publicada en ninguna revista especializada, revisada por pares, lo que certificaría su rigor. Además, el instituto encargado de la investigación no autoriza la difusión de su nombre.

Otra duda, añade Costas, se refiere a cómo se ha desarrollado la cadena de custodia de las muestras: solo se ha informado que se ha mantenido la cadena de frío, cuando en casos científicos y judiciales, desde la toma de la muestra hasta su llegada al laboratorio, en la cadena de custodia intervienen notarios y académicos en ambos extremos que avalan la integridad del proceso.

Mejores técnicas

Costas no duda de la metodología utilizada para obtener los resultados, pero añade que hay técnicas de genética molecular más avanzadas que permiten secuenciar gran cantidad de segmentos de ADN de forma masiva y en paralelo, en menor cantidad de tiempo y a un menor costo por base. Eso no significa que así se hubieran obtenido resultados diferentes, sino que se habrían conseguido con mayor rigor y rapidez que con la metodología aplicada por el desconocido instituto alemán.

Hay otra salvedad no menos importante, concluye Costas: toda investigación científica debe aclarar si hay un posible conflicto de intereses, es decir, si alguna institución o investigador o investigadores tienen vínculos (financieros o de otro tipo) con instituciones o empresas que pudieran verse afectadas por un trabajo científico. Este compromiso no se ha suscrito en este caso, según informa la Fundación Albert Schweitzer a T21, ni tampoco se ha pensado en su publicación en una revista revisada por pares, porque «se trata de un estudio como los que se suelen realizar en el sector de la producción alimentaria.»

La conclusión general que puede obtenerse de esta investigación es que nada cuestiona la validez del trabajo realizado, pero también que habría sido mucho más riguroso si se hubieran tenido en cuenta estos aspectos básicos en cualquier investigación científica (en este caso de gran relevancia social) y, sobre todo, si se hubiera contado también con muestras de control obtenidas en otras cadenas de suministro europeas.

Reacción de Lidl

Lidl España ha reaccionado a esta información remitiendo a T21/Prensa Ibérica un comunicado en el que asegura que todos sus proveedores están certificados internacionalmente, que sus productos pasan sucesivas revisiones y controles a través de organismos acreditados y que toda la carne de ave que comercializa cumple con todos los requisitos de la legislación vigente.

En relación con esta investigación, señala que no es la primera vez que se lanzan informaciones no contrastadas contra Lidl que luego se han demostrado falsas, y recalca que las bacterias que una carne fresca de pollo pueda contener no son consecuencia del método de cría de sus proveedores en particular, sino que representan un reto general para toda la industria de la carne avícola.

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