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Una encuesta profundiza en la principal «adicción» de la clase política

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En los últimos años las encuestadoras han comenzado percibir un claro desprestigio de su trabajo. Sobre todo, a raíz de los errores evidentes entre lo que la mayoría marca en la previa electoral y lo que luego se refleja en las urnas. El último ejemplo se vio en Brasil con la sorpresiva elección de Jair Bolsonaro pese a que los sondeos lo mostraban perdiendo de forma categórica en primera ronda contra Lula Da Silva.

Para tratar de entender este fenómeno la consultora Zuban Córdoba y Asociados se animó a preguntar sobre la credibilidad de las encuestas y sacó varias conclusiones. En primer lugar, un sesgo en los algoritmos que atenta contra la aleatoriedad de los sondeos pero también una utilización política inadecuada. Casi adictiva.

Para el 81% de los encuestados los dirigentes políticos tienen una «adicción» por las encuestas de opinión. Se guían por ellas y se obsesionan con sus propios resultados. «Un 81% afirma que los políticos son adictos a las encuestas. No podríamos confirmar o desmentir esta afirmación. Pero si podemos reflexionar sobre lo que ella implica: que la política también tiene una cuota de responsabilidad en todo esto», remarcan y profundizan sobre esa hipótesis. 

«La política opera con la creencia generalizada de que la difusión de estudios en los que determinado candidato sale favorecido aumenta esa tendencia positiva. Décadas de estudios de comunicación política desmienten este mito, pero la persistencia en el error continua y la gente se empieza a cansar», subrayan y adhieren que los medios colaboran para que eso ocurra publicando encuestas de forma «desmedida y agresiva» en contextos electorales.

«Un 76% de las personas que respondieron este estudio, afirma que las encuestas no le sirven para determinar su voto. Las evidencias se siguen acumulando, pero aun así seguramente la mala praxis de publicar pronósticos inexactos continuará. Siempre promovidos por la política», destaca.

Pero hay un punto en el que las encuestadoras también tienen responsabilidad. «Nuestro último estudio nacional, realizado a través de pautado en redes sociales, nos mostró un dato curioso: casi un 50%% de los encuestados afirma haber respondido otras encuestas similares en el último mes», confirman desde Zuban Córdoba y admiten que eso «contamina todas las muestras y por lo tanto distorsiona los resultados que obtenemos».

«¿Qué es lo que estamos haciendo mal? Desde hace algunos años las encuestas realizadas a través de redes sociales se transformaron en la herramienta a la que más recurrimos. El pautado digital y la masividad de las plataformas como Facebook e Instagram nos permitieron realizar sondeos de forma ágil y relativamente económica. Pero este método empieza a mostrar sus límites. Que casi un 50% de la muestra de nuestro último estudio diga haber respondido encuestas anteriormente, es la prueba objetiva e irrefutable de esos límites», reconocen.

«Para que una encuesta goce de rigurosidad metodológica, todas las personas que integran el universo que se busca representar debe tener la misma posibilidad de ser encuestadas. El dato que estamos citando muestra que las encuestas digitales no están respetando ese principio de aleatoriedad. Los algoritmos dejaron de trabajar a nuestro favor y empezaron a alimentar las encuestas con audiencias que ya mostraron estar interesadas en responderlas. Audiencias que normalmente están sobre politizadas y (muy) deseosas de compartir sus opiniones», concluyen en referencia al sesgo de los algoritmos y cómo afecta el resultado.

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