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Gatillo Fácil: Graves incidentes en Miramar tras el asesinato de un adolescente

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La manifestación había comenzado a las 17 en la plaza céntrica, en la esquina de las calles 21 y 26.VIDEO.
Una lluvia de piedras y algunas bombas Molotov coronaron esta tarde la manifestación para reclamar justicia por el asesinato de Luciano Olivera, baleado esta madrugada por un policía del Comando de Patrullas de esta ciudad.

La concentración y posterior marcha que llevaba a la cabeza a los padres de la víctima se distorsionó cuando avanzaba en su último tramo, proyectado hacia la plaza céntrica. Fue entonces cuando un grupo se desvió y apuntó hacia la Comisaría 1a, en calle 23 y 24, donde atacaron con escombros y botellas contra los efectivos de infantería que protegían el lugar. También fue atacado el edificio de la municipalidad

El ataque se mantuvo durante casi media hora y dejó las veredas de la sede policial repletas de cascotes y restos de vidrio, así como un árbol con fuego producto de una de esas bombas encendidas que lanzaban por el aire y buscaban dar contra los uniformados.

“Asesinos, asesinos”, gritaban los revoltosos que lejos de retroceder, volvían contra el cordón policial, protegido con escudos que se alineaban de lado a lado de ese boulevard. Mientras tanto los familiares y amigos más cercanos de Olivera pedían calma o se alejaban del lugar frente a una situación que se había salido de control.

La bronca e indignación de primeras luces del día, con piedrazos y destrozos en patrulleros que efectivos de Infantería repelieron con balas de goma, se repitió por la tarde como cierre de marcha que hasta llegar a la comisaría había sido una pacífica manifestación en reclamo de justicia por el asesinato del adolescente Luciano Olivera.

En esa dependencia se desempeñaba el oficial Maximiliano González, de 25 años, el sospechoso de haber efectuado el mortal disparo, que fue arrestado a disposición de la fiscal Ana María Caro, quien pidió su detención formal bajo cargos de homicidio agravado, delito que para el caso prevé pena de prisión perpetua. Vivía a 200 metros de la casa de su víctima.

“Se me escapó el tiro”, fue la simple excusa que brindó el efectivo a sus compañeros en lo que fue el mortal final de la persecución que se había emprendido contra Olivera, que había eludido un retén policial a las 4.30 de ayer al conducir la motocicleta Yamaha 125 de su padrastro. Volvía a su casa en el barrio Parquemar.

La Nación

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