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EDITORIAL

Patriotas eran los de antes…

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Cuando se trata de repasar la historia de nuestra querida Argentina, sin lugar a dudas la entrega hasta el último aliento en pos de una nación gloriosa, el abogado, economista, periodista, político, diplomático y militar argentino Manuel Belgrano, les saca años luz al resto, al punto de entregar su vida por esta nación. Ingresó rico a la función pública y se fue en la más absoluta pobreza.

Hay otro caso que la historia no supo ponerla en el luger que le corresponde, como lo es el de Elpidio González, Vicepresidente de Marcelo T. de Alvear (1922/28), su padre era Coronel del Ejercito. Se recibió de abogado en 1907. Ingresó en la Unión Cívica Radical, fue amigo personal y formó parte del grupo más cercano a Hipólito Irigoyen.  En 1912 fue electo diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires y en 1916 fue relecto, pero por la provincia de Córdoba.

Durante la presidencia de Yrigoyen (1916-1922), fue ministro de guerra entre 1916 y 1918 y jefe de Policía de la Ciudad de Buenos Aires entre 1918 y 1921. En 1922 fue electo vicepresidente de la Nación de la formula junto a Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), En ese lapso, mantuvo un enfrentamiento con el presidente, como fruto del conflicto entre yrigoyenistas o personalistas y alvearistas o antipersonalistas.

El golpe militar del 6 de septiembre de 1930, liderado por José Félix Uriburu, lo encarceló durante dos años. La vida política lo dejó en la más absoluta pobreza, cuando recuperó la libertad, volvió a su viejo oficio de vendedor ambulante de anilinas, tinturas, pomadas y cordones de zapatos por las calles de Buenos Aires. También regresó a su vieja morada en la Avenida de Mayo. Vivía en la misma pensión de sus años de juventud, porque lamentablemente una hipoteca le llevó su casa.

A pesar de su critica situación, rechazó una pensión vitalicia que le correspondía por Ley, en una carta enviada al presidente Ortiz, «No esperaba, pues, esta recompensa, ni la deseo y, al renunciarla, me complace comprobar que estoy de acuerdo con mis sentimientos más arraigados. Confío en que, Dios mediante, he de poder sobrellevar la vida con mi trabajo, sin acogerme a la ayuda de la República por cuya grandeza he luchado y que, si alguna vez, he recogido amarguras y sinsabores me siento recompensado por la fortuna de haberlo dado todo por la felicidad de mi Patria. Saludo al Señor presidente».

Otro caso emblemático es el de Arturo Humberto Illia, quien fuera presidente de la Nación Argentina entre el 12 de octubre de 1963 y el 28 de junio de 1966, cuando fue derrocado por un golpe de Estado cívico-militar. Durante su gestión se fomentó la industria nacional, se destinó el 23 % del presupuesto nacional a la educación (la mayor cifra en la historia del país), bajó la desocupación, disminuyó la deuda externa,​ se llevó adelante un plan de alfabetización y se sancionó la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil y la Ley de Medicamentos.

Durante su gobierno también se destaca la aprobación de la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que reconoce la existencia de la disputa territorial por las Islas Malvinas, elemento clave en la continuidad del reclamo argentino en la lucha por las Islas. Siempre se destacó su honestidad y honradez, vivió casi toda su vida en su humilde casa de Cruz del Eje, donde se ejercía a la medicina, y nunca utilizó su influencia en su favor, a punto tal de tener que vender su auto estando en el ejercicio del mando y de negarse a utilizar fondos públicos para financiar sus tratamientos médicos.

Rechazó la jubilación que le correspondía como ex presidente y volvió a su pueblo para seguir dedicándose a la medicina. En una encuesta realizada en 2013 para establecer las cien «personas más honestas» del mundo según los argentinos, Illia ocupó el tercer lugar, detrás del Papa Francisco y de Manuel Belgrano, superando incluso a figuras de la talla Teresa de Calcuta, Nelson Mandela y Ghandi.

En la actualidad, la Argentina está sufriendo una de sus peores crisis económicas, donde la pobreza y la indigencia superan el 40%, y en algunos casos, nuestra clase política, lejos de mostrar austeridad republicana, exprimen hasta la última gota en beneficio personal, como es el caso de la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, quien mediante resolución judicial con sentencia firme, podrá acceder al cobro de 2,8 millones de pesos mensuales doble pensión, producto de su cargo como ex presidenta de la Nación y la su fallecido marido, el ex presidente Néstor Kirchner, y a cobrarlo de manera retroactiva, el cual asciende a 120 millones pesos, en virtud del tiempo que no las percibió y sin la aplicación del impuesto a las ganancias.

Ahora ¿Cómo se puede mirar a la cara a un jubilado, cuya mínima no alcanza a $30.000 pesos? Sobre todo cuando la canasta de indigencia indica un mínimo de $35.000 pesos para salir de este segmento. ¿Cómo se hace con los miles de puestos trabajo que se han perdido en los últimos años? ¿Con la PyME que vienen capeando temporales tras temporales en pos de no cerrar? Qué pasa con los obreros golondrinas, los cuales cobran muy por debajo de línea de indigencia cuando llega la pos cosecha? y las preguntas siguen

Seguramente la Sra. vicepresidente no debe tener las respuestas, ya que pareciera que vive en una realidad paralela. Que lejos se han quedado los ejemplos de austeridad, y el motivo de llamar honorables a quienes nos representaban, por que sus cargos de funcionarios eran «Ad Honorem», o sea no se cobraba por servir a la Patria, pero eso, lamentablemente se acabó hace mucho tiempo.


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