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EDITORIAL

Plaza Urquiza es tierra de nadie

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Tucumán. Ubicada en el corazón de barrio norte, con bares y cafés alrededores, en diagonal el Poder Judicial, al frente la Honorable Legislatura de Tucumán, en diagonal el Arzobispado de Tucumán, por calle Santa Fe y aledaños se encuentra la zona bancaria, y la lista sigue.

Sobre la plaza, a toda hora se puede ver gente de todas edades. Por la pandemia, los bares trasladaron sus mesas al paseo, brindando otro marco. Pero no tos es color de rosas. Las nuevas tribus urbanas que la utilizan como ámbito de discusiones y batallas territoriales. Hace más de una semana fue el choque que se conoció como «la guerra de las gorras», donde la lucha se centra mediante el uso de violencia, apropiarse de las gorras de los eventuales transeúntes.

La policía de Tucumán, alertados por esta situación, montaron un operativo «antigorras», pero resulta que el escenario fue otro. Esta vez, alrededor de las 18 horas, la plaza llena de gente, fue escenario para dar comienzo a una nueva revuelta. Dos jóvenes comenzaron a correr, según trascendidos, habrían apuntado con un arma de juguete a una persona que vende golosinas habitualmente en la plaza. Ante esta situación los pocos policías que había en el lugar, se multiplicaron. Comenzaron a dispersar a los adolescentes, pero allí se detectó que tres menores portaban armas blancas por lo que fueron demorados y puesto a disposición de la justicia.

Lamentablemente se trata de otro hecho de inseguridad que por fortuna no arrojó ningún tipo de víctimas, pero habla del peligro que hoy reina en nuestra sociedad. Que un menor porte un arma blanca, ¿Lo hace solamente por tenerla encima? ¿A modo de que fin? ¿Cuál es el sentido de esa portación? ¿Qué modelos intentan seguir? ¿Qué valores son los que les estamos dejando a las nuevas generaciones?

Esta visto que estas preguntas, muchas no deben tener las respuestas adecuadas, o al menos las esperadas. En la plaza habitualmente asisten familias, chicos, matrimonios, pero al parecer, las nuevas tribus urbanas, poco parece importarles, e intentan apoderarse de este espacio y convertirlo en lugar donde el transitar implique pagar un «peaje». Ahora bien, que el costo impuesto no sea elevado y alguien lo pague muy caro. La seguridad sigue en la picota, el ministro Claudio Maley, no hace autocritica, mientras tanto la sociedad debe aislarse de la plaza. Ayer funcionó el rápido accionar policial, a diferencia de Rejas, donde queda mucha tela para cortar.

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