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Disputa por una provincia en bancarrota

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Se pelean entre ellos, encarnizadamente, por conducir una provincia en llamas, al borde de la bancarrota, con una pobreza arriba del 50% y una indigencia superior al 10%, una inseguridad en escalada sin fin, con una red de caminos ruinosos, escuelas deterioradas, homicidios y femicidios que avergüenzan, con sólo el 1% de los barrios vulnerables con agua potable y sin cloacas, con una economía desacomodada, cuyos ingresos al fisco no alcanzan para pagar los sueldos al personal de la administración pública, que demanda entre el 70% y el 80% del presupuesto, con una crisis insoluble en el sector sucroalcoholero, etc, etc. Es larga la ristra de carencias de la provincia, que el peronismo no solucionó, pese a sus largos años en la Casa de Gobierno. Hoy, el gobernador es un mendicante ante su amigo Alberto F.

¿Por qué uno (Juan Manzur) no quiere soltar la teta del Estado y el otro (Osvaldo Jaldo) como buen tambero que es, aspira a succionarla? Porque entiende que llegó su turno.  La explicación es simple y contundente: el poder tiene sus encantos intrínsecos y ellos mismos pueden atestiguarlos con sus fortunas. El tambero comenzó como concejal (tres períodos) en Trancas y trepó hasta la cúspide de la pirámide. Hoy es el dueño de casi toda la cuenca lechera del norte de la Provincia. El gobernador, que proviene de un modesto hogar, ahora es el principal productor de aceitunas del país y poseedor de varios edificios en altura en esta ciudad. Como se ve, la política tiene sus encantos ocultos y atrapantes. Y no los trató nada mal a ninguno de los dos. ¿Se entiende por qué pelean por la mullida poltrona?

No deja de ser curioso que dos millonarios peronistas defiendan los pobres. ¿Pura filantropía?  

En El Cadillal, a cielo abierto y con todos los protocolos del coronavirus, se realizó el Congreso del Partido Justicialista con casi la totalidad de sus miembros. Los dos bandos convivieron en dulce montón, olvidándose de las agresiones y desencuentros entre ellos. Hasta el presidente del PJ estuvo conciliador y generoso. Manzur dijo que las puertas de la Casa de Gobierno están abiertas de par en par para todos (siempre que estén conmigo, es lo que no dijo). Son incipientes brotes verdes que comenzaron a germinar después de los vientos huracanados. Seguramente, el gobernador recibió una llamada de las alturas, aconsejándole aflojar la cincha al potro rebelde, para salvar la unidad del peronismo. Eso, sin embargo, está lejos de que el califa le dé la candidatura a la gobernación a Jaldo, que es el nudo gordiano del entrevero.  

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