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Jaldo se cavó su propia fosa en el peronismo

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Creyó que era un triunfo y se vanagloriaba de ello. Quemó, en 15 minutos, una carrera política que había construido pacientemente a lo largo de años y años desde su Trancas natal. Soñaba despierto con el bronce y la levedad de la banda de mando cruzándole el pecho. Y de pronto, la nada y el vacío por delante como futuro.  

En ese afán desesperado por la gobernación de una provincia paupérrima, el número 2 confundió su papel y comenzó a meter las narices en territorio propio del Poder Ejecutivo. Sin escrúpulos ni rubores, utilizó «??y utiliza aún- dineros de la Legislatura en su campaña política personal con costosa publicidad para su egolatría. Con esa sonrisa inalterable, Manzur dejaba hacer a su compañero de fórmula, con la paciencia que le viene de sus ancestros. Y callaba.  Hasta que todo explotó por la designación de un funcionario que se equipara con un cuatro de copas. Fue lo que encendió la mecha y desató la furia contenida del califa.

Manzur, enceguecido, quiere borrar a su enemigo interno de la faz de Tucumán. Hasta pensó, para sus adentro con su expulsión del Justicialismo, envalentonado ahora que ocupa un cargo en la conducción del justicialismo nacional, como ladero del Presidente. A Jaldo que todo lo tuvo al alcance de la mano, le esperan ahora horas de incertidumbre. Su rival sarraceno no tendrá piedad con él y está dispuesto hasta quitarle sus vestiduras. El vice se está quedando sin tropa que le responda.

De a uno, el califa le va chupando legisladores de su cofradía. Y también en los concejos deliberantes, a los que alineó a todos a su favor, a partir del de la Capital. Le dio otra vuelta de rosca en la gran mayoría de las comunas rurales, un territorio supuestamente de Jaldo en otros tiempos. En síntesis, le arrebató todo o casi todo el capital político del que disponía el tambero tranqueño, para acceder al sillón de Lucas Córdoba. Sus días por venir son más que inciertos, a menos que vaya a los pies de Manzur, si éste lo acepta.

Caído Jaldo, con esta acefalía de candidatos en el PJ, algunos aspirantes han comenzado a ensillar antes de que amanezca. Un eterno pretendiente al apetecible sillón es Fernando Juri, quien aprovechando que Manzur juega cartas fuertes, quiere llevar como compañero de fórmula. ¿Es posible? Si bien la Constitución, en este caso puntual, no es meridianamente clara, estaría impedido por la alternancia del poder. De todos modos, es un asunto polémico.

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