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OMBUSMAN: UNA DERROTA QUE NO ES TAL PARA MANZUR

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Es demasiado prematuro para formular cualquier conjetura. El mandamás del Parlamento, Osvaldo Jaldo, fuera de la cancha momentáneamente por haberse contagiado con coronavirus (¿una maldición gitana de Manzur?), al final de la refriega quedó con 22 votos propios en el bloque Justicialista de Todos, más los circunstanciales aliados. Manzur con 11 feligreses con la bancada Lealtad Peoronista

A partir de la elección del ombusman, la tropa del tambero tranqueño, que se suponía compacta y leal, se desmoronó y perdió la solidez que mantenía hasta ahora. En verdad, el califa tuvo que entregar un peón sin mayor importancia política, pero él le dejó el barco escorado a su adversario en medio de una mar embravecida Para sus adentros, Jaldo estaba convencido que la llegada a la Casa de Gobierno, obturada la reforma constitucional, sería una distendida caminata por los verdes prados.  

Pero todo quedó revuelto dentro del PJ, con las fuerzas dispersas desde esa sesión que se convirtió en la divisoria de las aguas. Manzur, aunque perdedor, le partió el bloque a Jaldo y se apropió de la mitad de sus adláteres. ¿Quién perdió más?, es la pregunta de rigor. Ahora, es humo la mayoría que exhibía el peronismo antes de la ruptura. De hoy en adelante se tendrá que negociar todo con todos.  

El capanga de la Legislatura está obligado a reordenar sus huestes para saber con certeza con quienes cuenta de verdad para dar su última batalla por la gobernación. Las cosas se han puesto vidriosas para Jaldo. Aunque resultó electo Eduardo Cobos, el candidato que él aupaba, al final haciendo un análisis riguroso puede tomarse como una victoria pírrica. ¿El victorioso, al final, no es Manzur?

Ahora, tendrá que trenzar acuerdos a la luz del día y en las catacumbas para impedir que su compañero de fórmula, devenido enemigo y con quien rompió todo diálogo, pueda concretar la reforma constitucional y disfrutar de las mieles del poder. Manzur debe envidiar a sus colegas Jildo Insfrán, en Formosa, o Gerardo Zamora, en Santiago del Estero. Jaldo tendrá que remar, y mucho, para coronar el sueño de su vida: sentarse en la mullida poltrona de los gobernadores. El tablero peronista se dio vuelta en una sesión de apenas un cuarto de hora.

De todos modos, el tambero millonario, a pesar de que no cuenta con la infantería de antes, no está dispuesto a ceder ni un tranco. Tiene a dos tránsfugas de Fuerza Republicana a su disposición y ¿también a dos hombres del radicalismo? Con el paso del tiempo se verá dónde y cómo se va alineando el arco opositor. Lo que no se sabe hoy con certeza es quiénes acompañarán a Jaldo en su decisión de oponerse a la mutación de la Carta Magna. Como él maneja la lapicera y la billetera también, sonríe bajito. Ricardo Bussi no es un hombre de sus amores y viceversa, y está en la vereda del frente con 6 votos. Y los radicales, ¿qué harán? El mismo interrogante cabe a los demás mini partidos unipersonales.

Manzur, a pesar de haber sido revolcado en la Legislatura, sonríe y calla. En la pelea con su compañero de fórmula consiguió -y no es poca cosa- partirle la bancada. Ahora, espera la evolución política y que su amigo el Presidente le dé una mano. Para él esa poda suena a triunfo. No obstante la derrota, el gobernador no quedó tan mal parado en el nuevo tablero político. Para su sueño reeleccionista dispone del aparato del Estado, que lo utilizará como lo hizo antes y ahora, nadie duda, y como también su vínculo amistoso con Alberto F., conexión de la que carece Jaldo, pero no con el de Cristina que lo aborrece.

Si a alguien le vino como anillo al dedo la actual fractura del peronismo, es al intendente. Al final de este mandato tendrá que irse a su casa. Eso se supone. No es así. ?l tiene sus planes para seguir remando en la política. Si el peronismo llegara a partirse -como ya ocurrió otras veces- el beneficiario directo es el alcalde. Cuenta con un volumen electoral propio, asentado en los votos de la Capital, donde ya se impuso, sucesivamente, a José Alperovich y a Manzur en las últimas elecciones. Viene jugando de atrás y en silencio, como en las carreras de largo aliento, presto para dar el salto en la recta final. Germán Alfaro quiere dejarle la Municipalidad a su esposa Beatriz Ávila. De ganar, sería la primera alcaldesa en la historia de la ciudad. El tiempo dirá la última palabra.

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