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El Mercado del Norte, una perfecta metáfora de la tragedia tucumana

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El Mercado del Norte está por derrumbarse: sus columnas ya no pueden sostener los techos. Pero los puesteros no quieren abandonar el predio aunque sus vidas y las de sus clientes corran peligro. El intendente Germán Alfaro tuvo que recurrir a la Justicia para ordenar el desalojo ante la posición de los comerciantes, y es probable que haya que apelar a la fuerza.

La jueza Cynthia Lorena Rocha hizo lugar al pedido del jefe municipal y ordenó el desalojo inmediato y en forma pacífica de los puesteros. La magistrada pidió «??un plan de evacuación»?, comunicado en persona, con el objetivo de salvaguardar la vida de esas personas. Rocha enfatizó que no se debe tratar a las personas que están en el lugar como si estuvieran cometiendo el delito, sino como trabajadores que protegen sus productos y sus trabajos. Sólo en caso extremo de resistencia, se usaría el desalojo por la fuerza.


Durante la audiencia que se desarrolló esta tarde el primero en tomar la palabra fue Ignacio Ferrari, apoderado de la municipalidad. El funcionario enfatizó que «??existe un riesgo actual e inminente de derrumbe y que esto se traduce en un peligro, tanto para las personas que están adentro, como para el patrimonio y para los locales comerciales que están alrededor».


Una de las curiosidades de esta compleja situación, es que el funcionario también reconoció que «??la municipalidad no tiene vínculo contractual con los puesteros»?. Es más, dijo que la Municipalidad no tiene una nómina de estos puesteros. Ferrari no sabe quiénes son. Después Ferrari pidió que además de desalojar a los actuales ocupantes del predio, se designe una consigna policial en el ingreso, para evitar que vuelvan a instalarse.

Si lo que afirma Ferrari es correcto, entonces los puesteros son usurpadores de un edificio público y, a la vez, reclaman al Estado (encargado de controlar la legalidad), la continuidad de las actividades comerciales ilegales. Los comerciantes alegan (quizá con veracidad), que su subsistencia corre riesgo.

En síntesis, gente que está al borde de la pobreza necesita mantener una actividad laboral en la que corre serio riesgo su vida. Mientras tanto el Estado en su totalidad (Nación, Provincia, Afip, Rentas, la Municipalidad, etc), que había mirado hacia otro lado para evitar una crisis mayor, ahora deberá quitarles el instrumento de su subsistencia para evitar que terminen muertos debajo de los escombros, y, a la vez, salvarles la vida. Esa es la tragedia tucumana, sin salida aparente, mientras el sistema y la dirigencia no se cambie.

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