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Hubo ofertas de ayuda, pero los abuelos abandonados en Rosario aún buscan dónde vivir

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Hilda y Hugo se quedaron ahí, esperando, pacientes. Una hora, dos, siete. Uno de sus hijos los dejó en un bar del macrocentro de Rosario, un rato después del mediodía. Los habían desalojado del departamento que alquilaban, aunque los abuelos de 89 y 92 años no lo sabían. Quizás lo intuyeron. Quién sabe. Su hijo ya no volvió para buscarlos. Desde hace casi tres semanas siguen sin saber nada de él. Otro hijo del matrimonio llegó a buscarlos a la comisaría apenas se enteró de la situación, aquella noche del 5 de julio pasado.

La historia del abandono se hizo viral. Su hijo menor, Raúl González, los cobijó en su casa. Pero como ya eran seis viviendo allí, y las dimensiones son pequeñas, González debió pedirle a dos de sus cuatro hijos que buscaran por unos días otro lugar donde alojarse: sus novias y amigos los están recibiendo hasta que el tema pueda resolverse.

La familia recibió mensajes y llamados. Decenas por día desde que se conoció públicamente el caso. Gente que quiere ayudar con alimentos, frazadas, muebles. Algunos hasta ofrecen una casa o una habitación para que la utilicen temporalmente. El hijo de los ancianos agradece a todos, pero rechaza la colaboración si proviene de gente que también está necesitada. El hombre asegura que a los abuelos por el momento no les falta comida o abrigo, aunque el presupuesto con el que cuenta la familia es acotado. Encontrar un lugar donde puedan vivir es uno de los problemas. Aunque no el único.

«??Acá la situación es medio compleja por el espacio, que no lo tengo. Y ellos necesitan atención. Mi señora y yo hacemos lo imposible, pero necesitan atención médica. Por ahí se nos complica por el tema del trabajo. Ellos necesitarían espacio y una buena atención»?, explicó González a Clarín. Esta semana el hombre tendrá reuniones con gente de Pami y del municipio de Rosario. Espera encontrar alguna respuesta favorable.

Hubo gente que se contactó desde La Pampa, Neuquén, Córdoba, Buenos Aires o San Luis. Algunos incluso se mostraban dispuestos a recibir al matrimonio de ancianos. «??Me ofrecieron algunos lugares lejanos a mi casa o donde no los puedo mandar porque son zonas medio peligrosas. Además les tengo que poner una persona para que los cuide. Ahí se me complica el tema«?, lamentó González.

Un joven de Córdoba, cara visible de la fundación «??Un tatuaje por una sonrisa»?, prometió viajar a Rosario para conocerlos y ver de qué manera puede ayudarlos. «??No he ido antes, pero estoy en contacto permanente con Raúl, su hijo. Sabía que la abuela estaba internada, que le habían dado el alta y que que ya estaba en la casa de Raúl. Pero nunca supe que no están en condiciones de tenerlos. Quiero conocer su verdadera situación y ver cómo puedo ayudarlos»?, contó Juan Pablo Rodríguez a través de la página de Facebook de la fundación que encabeza, dedicada a ayudar a niños, personas carenciadas y ancianos. González lo recibirá porque «??es gente buena, que da de corazón»?.

Desde que se quedó en la calle con su esposo Hilda insiste con un pedido: «??Necesito un lugar para vivir. Sólo eso»?. Un problema en el pago del alquiler obligó a abandonar la vivienda en la que estaban. Pensaron que el hijo que vivía con ellos «??también llamado Hugo, como su padre- estaba resolviendo la situación para ir a otro lugar. No fue así. De Hugo (h) no se sabe nada desde aquel 5 de junio, el día que les pidió a sus padres que lo esperen en el bar.

Los abuelos no pudieron contar con su ropa durante varios días. Todavía no tienen sus muebles. Su hijo los alojó en su casa, que es pequeña para albergar a todos: dos habitaciones, un living, una cocina, un baño y un patio. Raúl y su esposa se corrieron al living. La habitación matrimonial quedó para los abuelos.

Pero el espacio no es el único problema. El dinero también. Por ahora González puede sostener el gasto extra, pero es un empleado municipal que vive con lo justo. Uno de sus hijos se quedó sin trabajo. Sus padres cobran dos jubilaciones mínimas, pero el papá no recuerda en qué banco se la liquidaban. Quizás Hugo (h) tenga esa respuesta. Como tantas otras que todavía están en el aire.

El abuelo es sordomudo y, además, no comprende demasiado bien lo que sucede. Hilda sí. De a ratos no logra explicarse qué les sucedió. Además en las últimas semanas estuvo afectada por un cuadro de bronquitis que obligó a internarla. Ya está repuesta y en casa de su hijo. Aunque se siente incómoda, invadiendo un lugar que no le pertenece.

Raúl prácticamente no tiene relación con su hermano desde hace años. Sospecha que él maltrataba a sus padres. Hugo (h) no volvió a contactarse en las últimas semanas. En su trabajo contaba con una licencia por problemas psicológicos. Hilda y Hugo también están angustiados por él.

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