Buscanos en las redes

Sociedad

El histórico rol de Eva Perón en la sanción del voto femenino

Publicado

el

Comparte esta nota

El 23 de septiembre de 1947 fue promulgada la ley 13.010 (sancionada dos semanas atrás), que consagraba el sufragio femenino«?? en Argentina. Habían pasado 35 años desde que la ley «Sáenz Peña» instauraba el voto universal, secreto y obligatorio… solo para los hombres. Y la misma Eva Perón que este 7 de mayo cumpliría 100 años no fue ajena a la sanción de dicha ley.

Desde el balcón de la Casa Rosada, Evita brindó un encendido discurso. La primera dama celebró el avance en derechos políticos y llamó a todas las mujeres a apoyar -ahora electoralmente- al régimen: «Fecundamos la tierra con el sudor de nuestras frentes y dignificamos con nuestro trabajo la fábrica y el taller. Y votaremos con la conciencia y la dignidad de nuestra condición de mujeres, llegadas a la mayoría de edad cívica bajo el gobierno recuperador de nuestro jefe y líder, el general Perón».

Eva Perón en las elecciones de 1951. La primera dama vota en una urna llevada especialmente al Policlínico de Avellaneda, donde permanecía internada.

Cuatro años más tarde, el 11 de septiembre de 1951, más de 3.500.000 nuevas electoras acudieron a los comicios, todavía con padrones y mesas separadas. Representaban a casi la mitad del empadronamiento total. El 64 % de ellas optó por la fórmula presidencial Perón-Quijano.

Evita transitaba una dolorosa enfermedad, por lo cual recibió una urna especial en el Policlínico «Presidente Perón» de Avellaneda. Aunque había declinado la candidatura a la vicepresidencia, lideró la única fuerza política que llevaría mujeres a los recintos en aquellas elecciones: el Partido Peronista Femenino. Esta «rama femenina» del Partido Justicialista, fundada en 1949, tenía garantizado un tercio de los cargos obtenidos por votos peronistas. En 1951, consiguió nada menos que 23 diputadas nacionales, tres delegadas de territorios nacionales, seis senadoras y 80 legisladoras provinciales.

El oficialismo se adjudicó la conquista de la ley 13.010, asociada a la figura de Eva. La referente había sido fundamental en el tratamiento del proyecto (redactado originalmente por el senador Soler, de la coalición gobernante) y hasta organizó una marcha de mujeres para que no perdiera estado parlamentario. Se enfrentó así a los conservadores de la Alianza Libertadora Nacionalista, al igual que a compañeros de su propio partido, reticentes a los cambios.

Evita contaba con una incursión reciente en la lucha por el sufragio. El primer discurso que brindó sobre el tema fue el 27 de febrero de 1946 -tres días después de las elecciones presidenciales de ese año- cuando dijo: «La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar. (…) Resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse (…). Lo exige, en suma, la transformación del concepto de mujer». Su esposo también se pronunciaba a favor de la causa, a la cual se había acercado desde su época como secretario de Trabajo y Previsión.

Para entonces, Argentina contaba con una larga tradición de organización por parte de universitarias, militantes sociales, intelectuales y obreras. De hecho, el diálogo entre militantes socialistas y sufragistas había caracterizado la «primera ola» feminista en el país a comienzos del siglo XX. Y, de 1919 a 1942, el socialismo y el radicalismo presentaron más de veinte iniciativas en el Congreso, persiguiendo la incorporación de las mujeres a la vida democrática.

La historia del voto femenino en Argentina antes de 1947

Antes de la ley de sufragio universal de 1912, ya había pioneras que reclamaban su lugar en la política. En 1907, junto a destacadas activistas como Elvira Rawson de Dellepiane, la socialista Alicia Moreau de Justo creó el Comité Pro-Sufragio Femenino en Argentina.

En 1911, la médica Julieta Lanteri -que venía participando del movimiento sufragista- introdujo una presentación judicial para exigir derechos civiles y políticos. Inesperadamente obtuvo una victoria. El juez de primera instancia resolvió que su reclamo estaba amparado por la Constitución y que «la mujer goza en principio de los mismos derechos políticos que las leyes, que reglamentan su ejercicio, acuerdan a los ciudadanos varones».

El fallo favorable fue refrendado por la Cámara Federal y Lanteri se convirtió en la primera mujer argentina y sudamericana incorporada a un padrón electoral, para los comicios municipales de la Ciudad de Buenos Aires. Como era de esperarse, los funcionarios no se quedaron de brazos cruzados.

Al poco tiempo, el Concejo deliberante sancionó una ordenanza que ligaba el empadronamiento al registro del servicio militar, como jugada para incluir únicamente a los hombres. Lanteri intentó ser enrolada en el Ejército sin éxito. Con el impulso brindado por otras activistas, fundó el Partido Feminista Nacional y se postuló como diputada de la nación (¡cuando sus congéneres aun no podían votar!). «La Constitución nacional emplea la designación genérica de ciudadano sin excluir a las personas de mi sexo», argumentó ante la Junta electoral.

Los legisladores del Partido Socialista también marcaron hitos. Solo por nombrar un ejemplo, en 1911 el diputado Alfredo Palacios propuso que se trata un proyecto de apertura electoral sin distinción de sexo. El Partido Radical fue más ambivalente. Aunque también generó instancias de discusión (empezando por el diputado Roberto Araya, quien presentó el primer proyecto tratado en el recinto), en algunas propuestas excluían a mujeres menores a 20 años; en otras, directamente, a quienes no supieran leer de escribir.

Luego de la sanción de la ley Sáenz Peña, el reclamo continuó desde distintos campos ideológicos y políticos. La Unión Argentina de Mujeres, fundada por Victoria Ocampo, presentó en 1938 un proyecto que ni fue tocado en la Cámara. En todos los debates parlamentarios entre 1919 y 1947 surgían prejuicios propios del período, ligados a la supuesta «banalidad», «inmadurez» o «fragilidad física» de las mujeres. Se las relegaba únicamente al rol de madres y amas de casa.

Para la década de 1940, particularmente tras la finalización de la 2° Guerra Mundial, las mujeres irrumpieron en el mundo laboral y representaban una importante base social. En el transcurso de esos diez años, más de treinta países -como Francia y Argentina- aprobaron el voto femenino. Finalmente se convertía en ley la pelea de distintas generaciones de luchadoras que no se resignaron a ser ciudadanas «de segunda».

 

Continuar leyendo...

Copyright © 2021 - Quediario.com.ar

A %d blogueros les gusta esto: