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Para mujeres sin límites

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Es un caso atípico. Nunca se sintió discriminada. Pudo avanzar en su carrera cada vez que se lo propuso y cree que tanto varones como mujeres enfrentan las mismas barreras a la hora de progresar en su profesión. Pionera, realizó trabajos de estructura de la materia en computación con la Clementina, la primera computadora argentina que instaló Manuel Sadosky. También fue la primera mujer en ser incorporada a la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en 1996, y la primera argentina en recibir el Premio L»??Oréal-UNESCO Por las Mujeres en la Ciencia, en 2003, año en que también obtuvo el Premio Konex.

¿Cómo vivió cada uno de sus logros? «??Como la cosa más natural del mundo»?, responde la científica Mariana Weissmann, de sabios 85 años. Cuando empezó a cursar la licenciatura en Física, tenía 17. Le gustaban las matemáticas y se inclinó por las ciencias «??duras»? porque la carrera le iba a resultar «??fácil y agradable»?. Nunca pensó de qué iba a vivir. «??No tenía la menor idea. En ese sentido, era más fácil ser mujer que varón. El varón piensa que tiene que ganarse la vida. Nunca imaginé que iba a terminar viviendo de esto»?, confiesa.

En Exactas hizo el doctorado y la carrera de investigador del Conicet, donde en 1999 fue promovida a Investigadora Superior, categoría en la que no había mujeres, y otra vez fue pionera. «??Hubo un momento en que los sueldos en la carrera de investigador estaban por el piso. Y había una categoría más alta. Entonces me pregunté por qué no estaba ahí. «??Yo quiero»??, me dije. Y empecé a insistir para obtener el cargo, como la cosa más natural del mundo»?. A ese «??yo quiero»?? le siguió otro: el Premio L»??Oréal-UNESCO, casi «??hecho»? a su medida. «??Era para latinoamericanas que trabajen en estructura de la materia (su especialidad). Era como jugar a la lotería con cinco números. Las posibilidades de ganar eran altísimas. «??Yo quiero»??, volví a decir. Y logré que me postularan»?.

Ahora, con el movimiento femenino en plena expansión, no comparte que haya un premio exclusivo para mujeres. «??La mujer hasta puede ganar un Premio Nobel»?, dice, empoderada. Es partidaria de la discriminación positiva para facilitar el camino de las mujeres y hacerlas visibles, cuando se aplica por un tiempo determinado, no indefinidamente.

En su área, ellas son minoría, es cierto. «??Hay mujeres, pero suelen quedarse en una etapa de bajo perfil, a los 30, cuando tienen niños. En mi caso, me di cuenta a los 50. Ahí me esforcé por hacer visible mi trabajo»?, señala. Weissmann no llegó a sufrir el techo de cristal, pero padeció el exilio. Estudió en Estados Unidos, Chile y Venezuela. Se casó y se separó. En el 66 se fue del país, luego de La Noche de los Bastones Largos. En los 70 también eligió viajar por razones políticas («??el ambiente era horrible»?, afirma). ¿El trabajo que recuerda con más pasión? «??Ninguno en particular. Todo tiene lo suyo. Pero sí saboreé el trabajo con los tesistas, poder orientarlos. Al enseñar, uno aprende. Lograr que se independicen es gratificante, un poco porque no tuve hijos, y es una manera de tener hijos»?, dice quien se desempeñó durante décadas en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

Otra colega y experta en el estudio de la estructura electrónica de la materia es la profesora Karen Hallberg, también física, premio L»??Oréal-Unesco, investigadora del Conicet y docente del Instituto Balseiro, que viaja el 14 a París a recibir el mismo premio, con 15 años de diferencia.

Como Weissmann, Hallberg no cree que las mujeres enfrenten mayores dificultades en una carrera como Física. «??No veo que haya particularidades, comparado con otras disciplinas científicas. Requiere compromiso, dedicación y perseverancia. Tenemos que compatibilizar carrera con maternidad, por lo que es fundamental el acompañamiento institucional y la existencia de jardines maternales cerca del trabajo, por ejemplo»?, asegura.

Karen nunca tuvo que elegir entre familia o carrera. Con su marido conforman un «??equipo»?, define. Y si bien tampoco se sintió discriminada, admite que hay una proporción menor de mujeres en los cargos de mayor rango, invitadas a congresos o liderando proyectos. «??Persisten sesgos y barreras culturales que hay que eliminar»?, reconoce como causa.

Para que haya más mujeres en la ciencia, hay que darle más valor a la ciencia, coinciden ambas investigadoras. «??¿Cómo vamos a avanzar si no se consideran estas carreras como opciones para el futuro? Hasta que no se defina como política de Estado, nuestro avance tecnológico se verá comprometido y aumentará la brecha con las sociedades más avanzadas»?, dice Hallberg. Weissmann comparte: «??La Argentina tiene menos ciencia de la que debería tener»?. Dos miradas desafiantes. Y dos discursos que no se detienen en asignaturas pendientes o los reclamos habituales que se hacen al conmemorar el Día Internacional de la Mujer.

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