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Sociedad

Desconfiar de las víctimas porque «era un buen tipo», la respuesta que provoca una revictimización

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Una vez que una mujer se anima a exponerse y hacer una denuncia pública sobre un delito sexual del que ha sido víctima es porque ha superado una barrera enorme, un muro propio que hay que demoler. Este tipo de situaciones suelen producirse en ámbitos absolutamente privados, lo que implica que la víctima no cuenta con ningún testimonio que acredite, en caso de necesitarlo, sus afirmaciones. Eso puede alimentar su necesidad de que los hechos permanezcan en reserva porque un abuso sexual es y será siempre una injuria enorme para la víctima.

Si se hubiera producido siendo menor de edad, la reserva del que la persona hace del hecho no responde solamente a la injuria sino a que no hubo capacidad para comprender psicológicamente lo ocurrido. Por lo tanto el hecho quedó capturado, encerrado cual núcleo dentro del Inconsciente. En esos casos, quien ha sido víctima durante la niñez necesita en primer lugar identificar que lo que ha sufrido es un vejamen.

En este momento, dado el marco social de contención para la formulación de este tipo de denuncias, la revictimización injuriosa de la mujer que cuenta esos hechos está reducida por el acompañamiento colectivo. Este tipo de delitos ocurrieron históricamente y ocurren: esta ola de denuncias recién empieza.

Pero dentro de la barrera que debe romper la víctima para contar su historia existe un obstáculo de grandes dimensiones. Si el abuso se produce en un ámbito acotado como lo es un pueblo, debe enfrentarse a afirmaciones como «este es un buen tipo». A la vez, dentro del contexto intrafamiliar más íntimo hay una tendencia aún más acentuada a la defensa del victimario porque operan mecanismos de protección por el prejuicio a exponer que en una familia hay un «degenerado». Todo eso revictimiza a quien cuenta lo ocurrido. Cuando alguien se anima a hablar de hechos de esta naturaleza encapsulados en su psiquismo, y se encuentra con las dudas de quienes escuchan tendiendo a minimizar su relato, la víctima retorna al lugar injurioso.

El resultado de esa revictimización es que queda incrementada la apreciación traumática para quien está refiriendo lo vivido. El paso del tiempo, en muchos casos, tiende a reducir su gravedad. Pero si, al traer los hechos al presente, esa persona advierte que no cuenta con un debido soporte -es decir, el apoyo de quienes reciben esa información- automáticamente reactualizará la sensación vivida en la dimensión en que los hechos ocurrieron.

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