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Las contradicciones entre los testigos dejaron a algunos al borde de la prisión

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Las dos hermanas Mercado, su primo y una amiga dieron versiones diferentes sobre la noche en que Paulina desapareció. Aunque todos negaron estar bajo amenaza, un relato de un allanamiento ilegal cayó como una bomba en la sala. Una testigo quedó al borde de la detención por falso testimonio

Por Mariana Romero

Paulina Lebbos salió con seis personas a bailar al boliche Gitana y luego desapareció. Eso es casi todo en lo que coincidieron los cuatro testigos que declararon en los últimos días en el juicio por el crimen de la joven estudiante. El resto de los detalles se pierden en una maraña de olvidos, contradicciones y evasivas que hicieron perder la paciencia a las partes y al tribunal y pusieron a una de las declarantes al borde de la detención por falso testimonio.

Virginia Mercado, su primo Alejandro Aramayo (ambos vivían en el departamento de la salteña) y la hermana de ella, Fabiana Mercado prestaron testimonio durante dos jornadas. Luego, fue el turno de Gisela Rennis, quien se mostró colaborativa e incurrió en muy pocas contradicciones, Aramayo, hoy doctor en Ciencias Geológicas, se mostró también comunicativo y fluido en su relato, aunque con muchas contradicciones. Las hermanas salteñas, en cambio, se expresaron de manera cortante y evasiva y fueron severamente advertidas sobre las penas por el delito de falso testimonio, que pueden llegar hasta los diez años de prisión.

La más complicada fue Fabiana Mercado. La muchacha comenzó a declarar el martes por la mañana y en cinco preguntas que le hicieron incurrió en tres contradicciones. El resto, fueron olvidos y evasivas. El tribunal resolvió entonces una medida fuera de lo común: la mandó de nuevo a la sala de testigos a que «??reflexione»? y vuelva con una actitud más colaborativa, no sin antes advertirle que podría estar cometiendo un delito si persistía en su actitud. Lejos de mejorar, su situación empeoró por la tarde. Sus contradicciones se profundizaron y las evasivas se multiplicaron. Por la noche, la Fiscalía de Estado pidió que se la procese por falso testimonio y algunas partes solicitaron su inmediata aprehensión. El tribunal, si bien reconoció la actitud hostil de la testigo, resolvió diferir la acusación para cuando terminen de declarar todos los del llamado «??grupo del Abasto»?. Algunos defensores también anticiparon que podrían pedir la acusación contra Aramayo y Virginia Mercado.

Los hechos sobre los cuales fueron llamados a declarar pueden agruparse de la siguiente manera:

1.- La llegada de los jóvenes al departamento de Virginia Mercado, en La Rioja al 400 y la llegada al boliche Gitana, en la zona del abasto.

2.- El desarrollo de la noche dentro del local bailable.

3.- La salida, la manera y los tiempos en que cada uno fue llegando a su casa

4.- Lo que ocurrió después de conocerse la desaparición de Paulina

Respecto del primer punto, Virginia fue la que más datos pudo aportar, aunque su testimonio insumió más de diez horas por las respuestas evasivas y los olvidos. Sin embargo, su relato se contradijo con el que ella misma aportó en 2006 y, en algunos puntos, con el de los demás. Por ejemplo, en el consumo de bebidas en la vivienda y, sobre todo, en los horarios. Virginia había dicho en 2006 que salieron de casa y entraron al boliche tipo 3:15 (previo paso por el cajero), pero en el juicio dijo que fue cerca de la 1.30. Aramayo, señaló que fue también cerca de las 3 de la mañana y Fabiana no pudo precisar esos datos. Gisela dijo que seguramente fue antes de las 2, para pasar gratis. El ticket de extracción de dinero del cajero de Fabiana echó algo de luz sobre este punto: se realizó a las 2.13. Fabiana y Alejandro no pudieron indicar cómo estaba vestida Paulina ni quiénes llevaron teléfono celular. No quedó claro si fueron al boliche en remisse, taxi o caminando, porque los tres dieron versiones diferentes.

Respecto de la noche dentro del boliche, todos comenzaron diciendo que la pasaron juntos. Sin embargo, ante las preguntas de las partes, terminaron reconociendo que se separaron. Ninguno coincidió sobre cuáles fueron las bebidas que consumieron (aunque todos dijeron haber tomado poco alcohol), tampoco en si hubo hombres que intentaran sacar a bailar a las chicas. Nadie pudo dar detalles precisos de cómo era el boliche.

Las principales contradicciones surgieron a la hora de reconstruir la salida. Virginia dijo que ella y Paulina fueron al baño y, al salir, recibió un mensaje de texto de alguien del grupo integrado por Alejandro, Fabiana y Gisela diciendo que se habían ido. ¿Quién envió ese mensaje de texto? Según Virginia, fue su primo. Según Alejandro, fue Gisela. Fabiana no recuerda. Gisela dijo no recordar haber mandado ningún mensaje. Nadie del trío que se fue supo explicar por qué, si buscaban un taxi a Yerba Buena para Gisela, caminaron en sentido contrario y se alejaron del destino. Ninguno dijo lo que constaba en la causa desde hace 12 años: que salieron y volvieron (según el testimonio de Alejandro) a buscar a las dos chicas al boliche; luego, volvieron a irse. Tampoco pudieron determinar por qué dejaron a las dos chicas solas en el boliche, cuando todos coincidían en los valores de la amistad y la seguridad de que, cuando salían juntos, debían volver juntos.

Pero la más grave contradicción surgió en el testimonio de Fabiana Mercado. La mujer dijo, contrario a todo lo declarado anteriormente por ella y los demás, que salieron todos juntos del boliche; que Paulina y Virginia iban caminando delante suyo y ella las iba mirando hasta que las perdió de vista. Ante semejante contradicción, le leyeron sus propias declaraciones anteriores y la testigo dijo que era posible que haya sido de otra manera, que no recordaba.

¿A qué hora llegó Virginia a su departamento? Ella dice que era ya de día; sin embargo, Aramayo, que por esa hora caminaba rumbo al mismo lugar, dijo que iba «??peleándole a la oscuridad»?. Nadie recuerda muy bien de qué hablaron al encontrarse en el departamento pero sí coinciden en que, al día siguiente, cuando supieron que Paulina no había llegado a su destino, no conversaron sobre eso. Ese silencio entre los testigos se prolongó durante años: dicen no haberle preguntado a Virginia cómo era el remisero que las llevó (la dejó a ella en su departamento y siguió con Paulina rumbo a la casa de su novio, César Soto), tampoco intercambiaron opiniones sobre lo que podría haberle pasado, no reconstruyeron entre ellos los detalles de esa noche y, básicamente, no volvieron a mencionar el tema más que para lamentar el dolor que sentían por el acoso de la prensa.

Días después de la desaparición y antes del hallazgo del cuerpo, Virginia Mercado abandonó la universidad, su departamento y su vida en Tucumán y se fue a vivir a su pueblo natal, Aguaray. En un principio, explicó que lo hizo por el acoso de la prensa y el miedo de que el secuestrador vaya a buscarla a ella. Pero, pasadas las cinco horas de interrogatorio, introdujo un nuevo dato: en realidad fue su papá quien vino a buscarla y la obligó a volver, aun cuando ella quería quedarse. Dijo haber quedado con una profunda depresión y, en ese sentido, su testimonio coincidió con el de su hermana Fabiana, que dijo que intentó suicidarse en tres oportunidades.

Uno de los puntos que más estupor causó fue el de las amenazas. De manera muy insistente se indagó si estaban los testigos bajo amenaza y se les ofreció medidas de protección. Sin embargo, Fabiana y Alejandro negaron haber sido coaccionados y dijeron específicamente que nunca sufrieron ningún allanamiento ni otra medida en su domicilio. Sin embargo, Fabiana lanzó una verdadera bomba, que no figuraba en el expediente: dijo que, días después de la desaparición de Paulina, dos hombres de civil se presentaron en su departamento portando armas. Se identificaron como miembros de «??alguna fuerza»? (sic) y les dijeron que tenían que revisar la vivienda, aunque no mostraron ninguna orden. Fabiana, Alejandro y Virginia estaban presentes, pero estos dos últimos no mencionaron el hecho cuando se los interrogó exhaustivamente y negaron haber sido intimidados.

Otras contradicciones surgieron en torno a los teléfonos. Llamadas entrantes y salientes de los teléfonos de Virginia y Fabiana, triangulaciones con personas vinculadas al club Atlético San Martín y a una mujer acusada de tráfico de drogas (con quien también se comunicó el padre del acusado por el asesinato, Roberto Gómez).

El tribunal, tras las agotadoras jornadas del lunes y martes, pidió a los abogados que afilen sus cuestionarios para evitar repetición de preguntas, en vista de que las jornadas se están desarrollando a un ritmo mucho más lento de lo previsto. Es que, promediando la cuarta semana de juicio, sólo van declarando cinco de los más de 270 testigos citados y, encima, la lista se sigue alargando.

Cuando termine de declarar el «??grupo del abasto»?, el Tribunal resolverá si alguno es acusado por falso testimonio. El abogado Emilio Mrad, en representación de Alberto Lebbos, se retractó del pedido de falso testimonio hacia el final porque, aseguró, siempre sospechó que los testigos estaban bajo coacción y el dato del allanamiento ilegal lo confirma. El defensor de Héctor Rubén Brito, Cergio Morfil, también se opuso a la acusación porque dice no estar de acuerdo con enviar el mensaje a la sociedad de que los testigos terminan presos. Los jueces deberán resolver también si hacen lugar a los pedidos de careo entre ellos para determinar quién miente y quién dice la verdad.

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